miércoles, 12 de mayo de 2010

El deseo, un sueño y nuestros cuerpos

Por: Dallanara Rivas Ruiz


 


 

Nos encontramos una noche donde el cielo estaba estrellado y la luna no se encontraba. Había plena oscuridad. Había silencio y el bosque era una trampa mortal para aquellas personas que se decidieran aventurar dentro de él, pero yo no le tenía miedo y al parecer tu tampoco. Fue algo improvisto pero mi naturaleza me provoca, la curiosidad me inunda y la esperanza de encontrar una aventura inolvidable. Me tomo el riesgo de seguir mi camino, si tienes miedo puedes regresar pero estoy dispuesta continuar contigo o sin ti. No estoy segura de entender la gravedad de mi situación pero aquí estoy en el bosque, adentrándome a lo que pudiese ser mi última noche sobre la faz de esta tierra. Busco algo ¿y tú?

Mientras me adentro dentro del bosque cada vez más, noto como la oscuridad se hace más densa a tal grado que tengo que palpar para poder caminar y continuar mí paso sin tener la necesidad de detenerme. ¿Qué es lo que ando buscando? No lo sé pero sé que tiene que estar dentro de este bosque, lo siento dentro de mí y puedo incluso saber a dónde me voy a dirigir. Caminando en esta inmensa oscuridad, sedienta y cansada, miro hacia tras y ya no estás. Ni modo, te quedaste atrás.

Sin poder ver hacia donde iba, aunque dentro de mí sabía que mi camino era correcto, me detuve para respirar. Que denso está el aire, la humedad me hacia sudar a tal grado que me sofocaba. Las gotas de sudor me bajaban por la frente, la cara y la espalda. Todo mi exterior estaba jadeante pero dentro de mi todavía existía las ansias de continuar con mi destino, con mi aventura creada. Esta emoción, esta sensación de vibrar dentro de mí, como si mi cuerpo esperaba la presencia de lo que buscaba. ¿Realmente lo buscaba yo o me buscaban a mi? no sé.

El silencio agudo de la noche, el rechinar de los árboles y las bambúes, el cantar de los murciélagos y el arrastras de una que otra serpiente, de ratones y los insectos nocturnos se unificaron para crear una orquesta nocturna, como la naturaleza invitándome a bailar y a liberarme de todas mis angustias. Los cucubanos iluminaban mi alrededor y aunque sabía que no había llegado a mi destino, me sentía bien justamente donde estaba. Debo continuar, pero escucho entre la sinfonía de la noche, unos pasos ligeramente rápidos. Se acercaban cada vez más y la sensación de expectación dentro de mí fue carcomiendo el alma. ¿Qué debo de hacer? Venia directamente a donde mi. Decidida a enfrentar mi destino y obviar los demás ruidos, corrí hacia la dirección que previamente me conducía. Corrí de tal manera que pude mantenerme al paso de los riachuelos, al son de los vaivenes del viento y al sonido de mi corazón palpitante. Jadeante, sudada, una vez más sofocada, me detuve al haberme encontrado en el lugar de mis sueños. Había llegado.

La maqueta rodeada de piedras viejas y cubierta por el bosque que se había adueñado de sus ruinas, de su espacio, quebrantando la estructura que existía en ese lugar. Instantáneamente hubo silencio. Mira a todo mí alrededor, vacía, yacía vacio. Me acerque y me senté para sentirme. Paz es lo que había y podía sentir como el flujo de sangre se movía dentro de mí, el corazón palpitar y mi respiración disminuir poco a poco en el momento de apaciguar mi ser. Pero esa sensación de vibrar dentro de mí, esa conmoción, la emoción de estar aquí, de esperar lo que sucediera, se quedaba impregnada dentro de mí. Tanto fue así, que sentí placer. El placer que existe entre un hombre y una mujer en el momento de tenerse, entregarse, de simplemente coexistir en un solo sentir. El placer que existe entre tú, yo y el interior. Me sentí húmeda dentro de mí y nuevamente me sentí sofocada. La palpitación aumento y de repente me encontré desesperada porque quería entregarme allí, en el lugar de mis sueños, en el lugar de mis vidas pasadas. ¿Qué me sucede?

En medio de la conmoción interna, te vi llegar. ¿Cómo llegaste? No tenía idea, te habías perdido al comenzar nuestra meta. No estabas conmigo, no estabas ni cerca. ¿Verdad?

Te me acercaste tímidamente, porque también te veías agitado, sofocado y desesperado porque la sensación de éxtasis te había atacado también. Te encontraste frente a mí y yo decidida a calmarme te invite a sentarte a mi lado, acto que negaste al permanecer parado frente a mí, insinuándome que me uniera a tu sensación miserable y tus quejas. ¿Para que estabas aquí?

La humedad de la noche fue poco a poco haciéndose fría, aunque pegajosa. Intente ignorarte. No podía, simplemente existía la necesidad de apagar este placer estaba dentro de mí y al parecer dentro de ti también. ¿Qué estarás pensando? Me intrigaba saber tus pensamientos profundos, me interesaba saber que sentías.

Me levante, te hice frente para ver qué era lo que tú fuiste a buscar aquí. Saber la razón de porque me acompañaste. Saber porque de repente ya no eres mi amigo, tratando de convertirte en mi amante nocturno a pesar de no tener sentimientos mutuos ni distintos. Te empuje para ver si reaccionabas, pero tú te mantuviste igual de imponente, silencioso y observante. Me mirabas pero no podía distinguir el deseo en tu mirada, ¿Será lujuria? No. No sabía que era la necesidad tuya, si podía ver que necesitabas de mi, que querías saciarte al igual que yo, pero ¿A qué costo? ¿Qué era lo que andabas buscando? ¿Por qué solamente te parabas frente a frente sin tan siquiera moverte, ni hacerme preguntas? No entiendo y la confusión me encendía más, en vez de apagarme. Estaba frustrada, ¿Qué debía hacer? Tomar el paso, tocarte y envolverte en mi red, en mi pecho suave y desnudo. Dejarme saboréate, tu saciarme y yo a ti.

La sangre se ardía sola y las gotas de sudor seguían como fila india mi espalda y mi escote, una detrás de la otra. Seduciéndome cada vez que caía las gotas de sudor. Nuevamente trate de llamar tu atención, mirando tu miembro me di cuenta que no te atrevías a tocarme, no querías faltarme el respeto al ser el primero en provocarme. Lo que no sabes que meramente con tu presencia es suficiente en estos instante para hacerlo, me provocas de tal manera que no puedo contenerme y sé que dentro de ti, tienes las ansias de hacerme tuya aunque sea una vez. Sé que me deseas, tu miembro te delata. Sé que me seduces el alma, sembrando ideas locas en mi mente desde que tenemos uso de nuestra imaginación. Tú me trajiste aquí y me motivaste a buscar. ¿Buscar qué? No sé, solo sé que estoy aquí y tu frente a mí. Aprovechar la oportunidad no sería mala idea, pero me detengo.

Me doy vuelta para ver nuevamente mi arquitectura soñada. Había salido en mis sueños en más de una ocasión, atormentándome porque sabía que había algo escondido allí. Ahora que me encuentro aquí, me doy cuenta que era un sueño vacio. No existen nada escondido, solamente mis emociones que no han vivido, no han creado ni destruido nada. La arquitectura soñada, esa meseta no es nada más que el reflejo de mi vida. Así como se ven las ruinas, así es como se encuentra mi alma. Pero estas aquí conmigo, ya no se encuentran tan vacía y por lo menos puedo ver que debo aprender a llenar mi vida y reconstruir las paredes, los cimientos y por ende tengo que salir corriendo a conquistar el mundo para poder entonces llenar mis ruinas con cosas importantes. Amor es lo que me falta, de todas clases de amor y ahora entiendo la razón de tu presencia aquí.

En fin, la noche pasaba y ya al entrar el alba en el horizonte, que los rayos del sol pasaban por la densidad del bosque, iluminando poco a poco lo que de noche no veía. Mire tú cara y sabia que esperabas por mí. Por mí siempre estuviste y ahora esperas que me motive, que sea yo la sucia, la que se revuelque en ti para poder liberarte de tus ansias eternas.

Baje la cara y note que tu miembro se mantuvo fuerte todo el tiempo, que ganas locas posees de tenerme. Así que poco a poco, con precaución fui acercándome para sostener tu pene en mi mano y abrazarte con mi cuerpo, humedeciendo tus labios con los míos al besarte. Me agarraste por la espalda y me pegaste mas a ti, pudiendo sentir tu estructura muscular debajo de tu camisa marrón. Así comenzaste poco a poco a acariciar mi rostro y tu mirada profunda me invadía la mente, la visión se me nublo y recordé pensar que nunca me había fijado en esos ojos negros, hermosos que Dios le plació darte. Sería capaz de observarte día y noche, de observar tu mirada y no perderla de vista. Y con suaves gestos de ternura me sacudiste el cabello para encontrar en mí ese rincón sensual que escondía dentro de mí. Me deje llevar por tus movimientos, de esas caricias locas que me dabas y de esos besos profundos que me llegaban hasta el alma. Tu mirada, esa mirada de deseo. Esa mirada que era como una plegaria de deseo. Que insólito pensar que nunca me había fijado en ti, pero ahora que lo pienso no me acuerdo haberte visto.

Con la fuerza bruta de tus manos y capaz de ser tan suave, de no lastimarme y saber justamente la cantidad necesaria para yo poder sentirme refugiada en tus brazos, me abrasaste.

Me apretaste contra tu pecho y cesaste de besarme, de acariciarme y por primera vez en la noche hablaste.

  • No puedo.
  • ¿Cómo es que no puedes? ¿Acaso, no es lo que quieres? ¿No fuiste tú quien me trajo hasta aquí?
  • Sí, pero no puedo amarte.
  • ¿Quién te pide que me amaras? Solo te pido que sacies de mi lo que tú mismo has provocado y consciente de que este momento llegaría. Todo esto lo creaste tú y ahora quiero terminar, lo que otro empezó. Sáciame.
  • Es que siento que te pierdes en mí, no es lo que quiero. Tu alma vacía necesita amor y yo no puedo brindártelo.
  • El vacio de mi alma no es tu problema, y ahora quiero por lo menos sentir, lo que nunca en mi vida he sentido y que quizás nunca llegue a volver a sentir en esta vida ni en la próxima.

Sus brazos fuertes me sostenían pero su mirada divagaba en medio de la mañana. Miraba a su alrededor y trazando la mirada suya, encontré que buscaba algo más. No le era suficiente mi presencia, ni vivir el sueño, ni ver que por él me entrego, tan siquiera loca mi instinto, mi imprudencia. Me despegue de él y aunque su miembro permanecía recto todavía, mis ganas fueron menguando. No entendía y no captaba que no era real. Vivía un sueño dentro de otro sueño, tan siquiera mío pero aquí me encuentro. Él lo sabía, pero ¿con que poder? ¿Cómo era posible? ¿Cómo él pudo con su pensamiento atraerme hasta aquí, en su mente? Si yo misma no tengo las fuerzas de existir dentro de mi propio universo y de la vida real que existe más allá de su mundo. ¿Cómo es que él lo sabe?

A pesar de mi infortuna deseaba que me amara. Así que mientras el contemplaba su alrededor, me le pegue buscando su calor, su refugio y nuevamente intentar encender la fogata dentro de mí. Le acerque mis labios a su rostro y nuevamente lo bese. Bese sus ojos, su frente y sus labios. Le di mis caricias y aunque carecía de la capacidad, de la malicia sexual, desabotoné su camisa y toque su pecho con mi mano. Respondiendo a mis caricias, me acaricio también y desabotonando el escote de mi suéter, tomo de él y me lo retiro. Aun en los rayos de sol no pude esconder mi vergüenza y las ganas reflejada en mis pezones, quienes esperaban con ansias la llegada de su boca.

Recostándome en el suelo, en la grama mojada por el rocío de la mañana, terminó de cumplir mis deseos. Chupando de mis senos como si fuese la fuente del néctar de la vida. Llenándome de placer nunca antes experimentado y afectando, quizás, los sentidos inexistentes en un sueño realizado. Su violencia para con migo era deleitante y la forma en que sus manos me masajeaban era como si estuviese creando una escultura de su imaginación, me llenó de su esencia de hombre en mi cuerpo. Conociendo cada rincón, cada lugar y dándome justamente lo que deseaba, fui la obra de arte y su sabor se quedo en mi plasmado.

Removiendo mi pantalón, revisando mi cuerpo, admirándolo y grabó mi imagen en su memoria. Al retirar el suyo pude al fin ver ese miembro perfecto e imponente ante mí. Me incliné para besarlo y suavemente los dos nos hundimos en el éxtasis de nuestros besos, de nuestro deseo y rápidamente de nuestros miedos.

Con la pausa para respirar, se recostó encima de mis pechos, abrazando cada uno con sus manos fuertes, tocándome suavemente hasta llegar a mi clítoris. Me humedecí inmediatamente y así me penetraste con tu pene que se hizo fuerte ante mí, me sumergí en el quejido leve de emoción y vibración que sentí en el instante.

Mientras nos uníamos y forjábamos uno dentro de dos, tú tomaste de mi toda esa sensación y ese deleite. Me saciaste con el vaivén constante y la forma salvaje de tenerme.

Así duramos tiempo y cuando al fin saciamos nuestros deseos internos y agotamos nuestras energías salvajes, nos dormimos en la grama, cuerpo con cuerpo y alma con alma. En el césped con nuestras almas tendidas al aire libre, desnudos tal como Dios nos creo.

Anocheció y aconteció que al despertar, te busqué pero ya habías desaparecido. Nuevamente sentí el vacio de mi alma pero quede con la satisfacción de que ame y me deje amar, aunque haya sido una vez en la vida. De que soñé y fui soñada. De que desee y fui deseada y me transporte justo donde me necesitaban, logre realizar ese sueño materializado que constantemente me hablaba por las noches y me motivó a buscar.

Quiero que sepas, aunque este ausente y perdido en tu propia mente, deseo poseerte tan siquiera una noche mas. Mi recuerdo desvanece.

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